Resumen IA de la semana: La sala de máquinas
Pulsas el botón del ascensor y esperas. Nada más. No piensas en el motor, ni en el contrapeso, ni en el cable, ni en la inspección municipal pegada...
Pulsas el botón del ascensor y esperas. Nada más. No piensas en el motor, ni en el contrapeso, ni en el cable, ni en la inspección municipal pegada...
La sala de máquinas |
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| Pulsas el botón del ascensor y esperas. Nada más. No piensas en el motor, ni en el contrapeso, ni en el cable, ni en la inspección municipal pegada en una esquina. Si sube, el mundo funciona. Si se queda parado entre dos plantas, de pronto descubres que aquello que parecía una cajita obediente era, en realidad, una infraestructura compleja suspendida sobre tu cabeza. | ||
| Con la IA nos está pasando algo parecido. Durante un tiempo miramos la pantalla: el chatbot que responde, el copiloto que escribe, el agente que promete reservar, programar, analizar y, si nos descuidamos, explicarnos por qué nuestro ficus tiene ansiedad. Pero estos días el foco se ha desplazado a otro sitio menos glamuroso: la sala de máquinas. | ||
| Y ahí dentro no hay magia. Hay deuda, chips, electricidad, centros de datos, despidos, reguladores, contratos opacos y empresas preguntándose si el ascensor que han instalado en todas las plantas realmente puede sostener el edificio. | ||
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