Resumen IA de la semana: La catedral y el ticket de la luz
Cuando una ciudad medieval levantaba una catedral, nadie decía: “qué eficiente forma de cubrirse de la lluvia”. Aquello iba de otra cosa. Poder, fe...
Cuando una ciudad medieval levantaba una catedral, nadie decía: “qué eficiente forma de cubrirse de la lluvia”. Aquello iba de otra cosa. Poder, fe...
La catedral y el ticket de la luz |
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| Cuando una ciudad medieval levantaba una catedral, nadie decía: “qué eficiente forma de cubrirse de la lluvia”. Aquello iba de otra cosa. Poder, fe, prestigio, miedo, empleo, piedra, impuestos y generaciones enteras poniendo ladrillos para una promesa que quizá no verían terminada. | ||
| Algo parecido empieza a pasar con la inteligencia artificial. Hemos dejado atrás la fase del juguete brillante y estamos entrando en la fase de la obra pública. Ya no hablamos solo de chatbots que escriben correos con entusiasmo de becario. Hablamos de centros de datos, deuda, chips, energía, tribunales, sindicatos, universidades, bancos, policías, artistas, gobiernos y hasta el Papa mirando el asunto con cara de “esto ya lo he visto antes, pero con imprentas”. | ||
| La contradicción de fondo es incómoda: el mercado está tratando la IA como una infraestructura inevitable, casi civilizatoria, mientras una parte creciente de la sociedad empieza a preguntarse si esa infraestructura mejora su vida o simplemente le pasa por encima. | ||
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