Resumen IA de la semana: El empleado que no sabe fichar

En algunas oficinas todavía sobrevive un ritual casi arqueológico: fichar al entrar. Una tarjeta, un torno, una app con geolocalización o ese Excel...

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La reflexión de la semana

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El empleado que no sabe fichar

 
 
  En algunas oficinas todavía sobrevive un ritual casi arqueológico: fichar al entrar. Una tarjeta, un torno, una app con geolocalización o ese Excel compartido que nadie admite usar pero todos rellenan religiosamente los viernes. Durante más de un siglo hemos medido el trabajo con una idea bastante simple: alguien llega, hace cosas durante unas horas, se va, y luego intentamos averiguar si aquello sirvió de algo.  
 
  Ahora imagine que entra un nuevo compañero que no duerme, no pide vacaciones, puede hacer presentaciones, revisar código, buscar información, hablar por teléfono, editar imágenes, preparar hojas de cálculo y quedarse “pensando” durante horas. Fantástico, ¿no? Solo hay un pequeño detalle: no sabemos si es empleado, herramienta, proveedor, becario, consultor externo, riesgo legal o electrodoméstico con ínfulas.  
 
  Ese ha sido el hilo invisible de estos días. No hemos visto simplemente modelos más potentes. Hemos visto cómo la IA intenta abandonar el cajón de “software que responde” para colarse en el organigrama. Y cuando algo entra en el organigrama, empiezan las preguntas incómodas: ¿quién lo supervisa?, ¿cuánto cuesta?, ¿qué permisos tiene?, ¿qué datos toca?, ¿qué pasa si se equivoca?, ¿y a quién despedimos porque ahora “esto ya lo hace la máquina”?